CITAS
El talento no es un don celestial, sino el fruto del desarrollo sistemático de unas cualidades especiales. - José María Rodero

La experiencia de volver, un espacio para la emoción.

Conozco ya los salones de todos mis compañeros de trabajo. Sé detectar cuando han colgado una nueva foto o han cambiado la distribución del salón. Me pasa también con mis clientes, he visto a sus hijos, he escuchado como sus parejas les preguntaban a qué hora iban a comer y he compartido con ellos las dificultades de adaptarnos a esta nueva situación.

Y al abrir esa ventana a sus casas, parece que hemos abierto también el espacio a las emociones. En estos más de 40 días de confinamiento hemos hablado de incertidumbre, incredulidad, miedo, enfado, orgullo, tristeza. Nunca antes nos hemos preguntado tantas veces qué tal y nunca antes hemos contestado con tanta sinceridad, pues no muy bien.

No pasa sólo en las relaciones personales sino también en las relaciones talento-empresa. Tengo la sensación de que ha tenido que llegar la COVID-19 para enseñarnos a encontrar el lugar de las emociones también en el entorno de trabajo. Tras varias semanas hablando con responsables de comunicación interna de distintas compañías, estoy gratamente sorprendida de cómo hemos sabido, en la gran mayoría de los casos, construir los discursos desde la empatía con las emociones de nuestros profesionales.

La pregunta es, ¿y ahora? Cuando parece que ya hemos superado la primera fase de shock, que nos ha hecho tomar decisiones rápidas como organización, cambiar lo que no funcionaba, impulsar los planes que teníamos guardados en el cajón, replantear las estrategias y volver a dibujar la hoja de ruta, ahora que se acerca el momento de empezar a pensar en volver, ¿qué vamos a hacer con esas emociones que hemos encontrado?

Estamos probablemente ya tomando medidas de seguridad, pensando en cómo hacer nuestra particular desescalada y es en estos momentos en los que como compañías deberíamos volver a tener en cuenta la dualidad de las personas. Sólo si comprendemos que ahora también, en la vuelta a la nueva normalidad, no sólo va a entrar en juego la razón sino que las emociones van a ocupar un lugar destacado, aprovecharemos esta ocasión para reconectar con nuestro talento.

Para hacerlo, la gestión de la comunicación con el talento sobre la vuelta debe basarse en las tres Cs:

  1. Necesitamos comprender la experiencia que han tenido nuestros profesionales, cuáles han sido sus emociones y, especialmente, las que enfrentan ahora que empezamos a planificar la vuelta. No debemos dar nada por supuesto. Ni siquiera las personas en situaciones iguales tienen idénticas emociones por lo que siempre será más efectivo preguntar a los profesionales en vez de preconcebir posibles escenarios. Dejemos que hablen.
  1. Debemos construir relatos unificadores, en el ideal de los casos con la colaboración de los profesionales, que nos ayuden a alinear a los colaboradores con los objetivos de negocio y que movilicen a la organización en una única dirección. Lo haremos de forma proactiva, anticipando escenarios, para que llegue antes de que empiecen a surgir rumores o falsas expectativas. También ahora, quién comunica primero, tiene la mitad del camino hecho.
  1. Tenemos que compartir a travésde redes efectivas de comunicación interna. En estas redes, hay tres elementos que han cobrado, si cabe, un mayor protagonismo estos días: el papel de los líderes de la organización, los mandos intermedios como punto de contacto más inmediato con la compañía y las redes (informales o no) de embajadores internos.

Estas tres CS son elementos fundamentales, pero no secuenciales. Vamos hacia estrategias de conexión mucho más flexibles y dinámicas. Al igual que las situaciones cambian, que las emociones se van transformando, acertaremos si impulsamos en nuestras organizaciones un proceso de comunicación que esté vivo y que sepa reaccionar, que reconstruya el relato si hace falta, impulse nuevas redes y canales de comunicación y escuche de forma permanente.

Estamos muy acostumbrados a tomar decisiones de negocio poniendo encima de la mesa argumentos racionales. Aunque ya lo sabíamos, esta crisis ha puesto todavía más en evidencia que incluso las decisiones más lógicas pierden fuerza cuando chocan con emociones preexistentes que actúan de filtro e incluso destruyen lo que comunicamos. Dejemos espacio a la emoción en nuestra toma de decisiones, sin duda los planes resultantes serán más efectivos para conectar con el talento.

Por María Obispo, directora de Talent Engagement de LLYC

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