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Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio. - Henry F. Amiel

La importancia del emprendimiento social

En el marco de los actos de celebración de su 20 aniversario, la escuela de negocios TBS Barcelona celebró una conferencia el pasado jueves 27 de abril con el título “Emprendedores por una buena causa”.

El campus catalán de Toulouse Business School contó con la presencia de François Van Den Abeele, creador de Sea2see Eyewear; Eva Polío, socia fundadora de FemmeFleur; y Donovan Balderas, responsable de Desarrollo de negocios internacionales en Social Coin.

El evento se inició con la intervención de Christian Marion, Director de French Tech Barcelona, quien comentó que desde la asociación que representa han notado un aumento del número de emprendedores que quieren poner en marcha sus negocios con un enfoque social. “En este sentido, se trata de aunar crecimiento económico con respecto por el medio ambiente y por la humanidad. Y si además de esto se puede crear valor, entonces la empresa tiene sentido”.

Para demostrar que las afirmaciones de Christian Marion son posibles, tomó la palabra François Van Den Abeele, quien expuso qué motivó la gestación de su empresa de gafas fabricadas con plástico reciclado extraído del mar, Sea2see Eyewear: “cada año se arrojan al mar más de 800.000 toneladas de redes y cabos abandonados que suponen un problema para el ecosistema marino”. Por eso pusieron contenedores en puertos de Cataluña para recogerlas y llevarlas a una planta de reciclaje: “nos dimos cuenta de que en la industria óptica la sostenibilidad casi no existe y la materia prima más utilizada es el plástico”, puntaliza Van Den Abeele.

No solamente sostenibles:

El directivo de Sea2see confirmó que el consumidor no compra un producto por ser únicamente sostenible, sino que el diseño y el precio también son importantes; pero el hecho de tener una historia detrás le hace más fiel que cualquier otro tipo de cliente. “Nosotros aportamos a la sociedad un impacto directo en el medio ambiente para evitar que las redes terminen en el mar; demostramos que la economía circular es posible, sobre todo en el sector óptico que todavía no se hacía; y finalmente, generamos un sentimiento de felicidad en el consumidor por sentirse parte de esta historia y ayudar a la limpieza del mar”, matizó.

A continuación, intervino Eva Polío, en representación de la cooperativa FemmeFleur, cuyo objetivo es desarrollar productos y servicios que mejoren el día a día de las mujeres. Precisamente, una de las primeras iniciativas que pusieron en marcha tiene que ver con la menstruación y la necesidad de reducir los seis kilos de basura al año que cada mujer genera en productos de higiene íntima. Polío también confirmó que con la sostenibilidad no basta: “Queríamos buscar una alternativa que redujera los residuos, que fuera sana, pero, sobre todo, útil”, apuntó.

Por eso, comenzaron por lanzar una copa menstrual, que despertó mucho interés, pero a muchas mujeres les costaba acostumbrarse por su resistencia al cambio. “Necesitábamos encontrar algo que fuera funcional, práctico, cómodo y económico. De ahí nació la idea de hacer las braguitas Cocoro, con una capa interior de algodón, una intermedia de absorción y una exterior de licra”.

Crowdfunding, mecenazgo popular:

Para lanzar las braguitas menstruales Cocoro, pusieron en marcha una campaña decrowdfunding en la que participaron más de 3.400 mujeres y recaudaron casi 170.000 euros: “Con esta iniciativa hemos comprobado que la propuesta tiene interés. Además, nos ha servido para hacer la primera producción del producto, recabar opiniones sobre su diseño y, sobre todo, crear sentido de comunidad”, puntualiza Polío. “El crowdfunding es una manera de demostrar a los inversores, más reticentes que ante negocios más estándar, que el proyecto puede funcionar”, concluyó.

Quienes empezaron también con la ayuda del crowdfunding fueron Social Coin, como contó su representante Donovan Balderas, el último ponente de la conferencia. Balderas comenzó explicando de dónde surgió el germen de Social Coin. “Nacimos en 2013 como un movimiento social que tenía por objetivo salir a las calles de Barcelona a realizar acciones positivas para las personas como ayudar a los mayores a llevar la compra hasta su casa”, apuntó.

Cada vez que hacían una de estas acciones, le entregaban una moneda al receptor para que él realizara el mismo gesto, a modo de cadena de favores y cuyo alcance se podía seguir a través de una app. “En un primer momento hicimos gracias al crowdfunding 500 monedas, hechas de sémola de patata y con una semilla dentro para poder plantarla al final de la cadena, pero pronto tuvimos que ampliarlo y entramos directamente en una aceleradora de empresas de Berkeley”, afirmó.

Y es que la idea llegó a muchas empresas que se interesaron por el proyecto para trasladarlo a sus empleados. “El equipo creció y creamos una plataforma de motivación de los empleados para que pudieran ejercitar sus talentos y dar algo a la sociedad”, añadió. A partir de ahí han ido desarrollando más proyectos con el objetivo de fomentar el voluntariado entre los empleados de muchas más compañías.

En total, desde 2013, llevamos realizados más de 500.000 actos de generosidad y hemos producido unas 20.000 monedas sociales en 70 países”, comentó. “El cambio en las personas no es fácil, porque lleva tiempo y esfuerzo, pero creemos que, incentivando y motivando a la gente a hacer acciones positivas y proporcionándoles estas herramientas para inspirarles, podemos conseguirlo”, sentenció.

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